LA HISTORIA DEL CAFÉ




En Venezuela existe una transculturización que se ha visto notar con el pasar del tiempo, por las diferentes problemáticas económicas y sociales que ha marcado al pueblo venezolano en esta actualidad. Sin embargo, el venezolano busca y rebusca ese cafecito que tanto degusta en las mañanas. El bachaqueo no ha sido de impedimento para correr a la cola y decir: - “A mí me dan mi café”.
El día a día se convierte en nuestro café diario, dependiendo como lo pidas, suele ser tan especial para ti, como esos momentos inigualables.
Tenemos un café TETERITO que es con muy poco café y mucha leche, esos, los comparto en una tarde cualquiera con buena compañía o sola, después de un día ajetreado o uno muy exitoso, para mí es mi favorito. El famoso CON LECHE, ese es sabatino, en especial con arepa asada, mantequilla y queso llanero, con mucha espuma para hacer bigotes en mi cara. Luego tenemos el MARRON, este lo bebo cuando hace frio, cuando disfruto de la lluvia por mi ventana muy bien abrigada. El inigualable GUAYOYO, este no contiene leche, pero es el mejor de todos, no por su sabor, sino por su compañía, en mi vida, el mejor guayoyo lo prepara mi abuela, es como la hallaca, que nadie la hace mejor que su mamá, de la misma forma es este café, mi abuela se lleva el premio, ir a su casa y estar en su patio, disfrutar de su compañía, su charla y su café, es uno de esos momentos donde el mundo se te va y te transportas a su tiempo, y a su momento donde pasas horas y no te das cuenta. El NEGRITO, este solo lo tomo los domingos, es la conexión perfecta para regar las plantas ornamentales de mi papá y poder disfrutar de su compañía antes de ir a misa. Por último el menos degustado aquí en Venezuela, aunque el más vendido los domingos a las 7 de la mañana cuando llegan de la rumba. Este café es muy oscuro y amargo, funciona perfecto para dos cosas, para levantarte el muerto de la rumba cuanto tienes que ir a trabajar o cuanto tienes que seguir estudiando en la madrugada. En otros países como en Portugal es un café común, le agregan ron que almacenan en barricas y lo toman muy plácidamente, pero con sinceridad, su sabor para mi es intolerable.
Aunque en mi país no todos son tan estilizados al momento de pedir café, cada uno cuenta su historia sobre su café preferido, una muy buena compañía en su muy lujosa cocina o en una silla de mimbre para regalarse un disfrute total consigo mismo.


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